lunes, 22 de noviembre de 2010

Ojos que no ven, corazón que siente.

Mural “ Ojos que no ven, corazón que siente”.


Proyecto Puertas al Bicentenario Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires


Por JULIÁN BERNATENE


Sobre el título de la obra.


“Leninoluchi nge, duam piwke lay”, “ojos que no ven, corazón que siente”. Es la traducción aproximada. Aproximada porque esa frase naturalmente no sería articulada por los habladores de esa lengua americana originaria , el Mapuche. Ese esfuerzo, es en realidad un deseo, imposible, y simultáneamente real, de una integración de signos y símbolos, de culturas, de cosmovisiones, de geografías. El Director de Asuntos Indígenas de la Provincia de Chubut, Cándido Sayhueque, descendiente del Cacique Mapuche Valentín Sayhueque, nos envió esta tentativa traducción con mensajes de texto, satélites mediante, sumándose a una ilusión de entretejer una trama simbólica.


Ojos que no ven, no porque no perciben, sino porque niegan o dudan de lo que observan, sospechan de una verdad que puede sentirse o pensarse, una verdad mentada que se escapa y oculta. Nuestro mundo es el devenir de inventos, mitos o inteligencias que una y otra vez han cambiado de forma, intentos de capturar y aquietar una verdad que no cambia en esencia y profundidad sino en su superficie.


Copérnico y Galileo desde la ciencia, encontraron sin modificar absolutamente nada por fuera, un camino para poner el mundo conocido en movimiento, en un principio viéndolo simplemente de otra manera y más tarde encontrando la manera de mencionarlo. Lo estático devino en dinámico activado con palabras. Es necesario siempre ver para creer? Y para crear? La ciencia y el arte nos revelan una y otra vez que la esencia de lo que existe está más allá de lo evidente.


Hoy hablamos de 200 años de algo, magnificando la dimensión temporal, categorizando el tiempo, redimensionando el pasado y una revolución. Nos urge redimensionar aquella revolución, y en ese acto dimensionar, meditar, meditando y midiendo antiguas palabras para que devengan en nuevas.


Porqué pensar en redimensionar la revolución si en su lugar podemos, con nuevos aires, mencionar la evolución.


Verdad, ver, dar, dar visión. Mencionar y medir la evolución es observar, entender, acompañar, es sorprenderse de que acontezca.


Evolucionar es des-ocultar, desplegar, desenrollar. Desarrollar la biodiversidad en toda su extensión natural y en la que lo humano pueda crear y creer en su dimensión social. Es difícil, sino imposible, evolucionar sino desenrollamos nuestros conflictos y contradicciones ya no en el plano, bi-di-mensional, sino en un movimiento vital en tres dimensiones, “multidimensionalmente”.


Una voluntad de cambio y desarrollo donde no se dimensione el ser en un plano sino se lo mencione en una multiplicidad de planos integrados (espiritualidad, ciudadanía, educación, salud, memoria, identidad, economía, ecología). Integrar no es transpolar, entre otras cosas, la selección natural a un plano social, tener identidad no es que deba ser todo lo mismo y el hacer poder que cosifica al hombre deberá dejar lugar al poder hacer, pensar y vivir.


En este “multidimensionar”, será enriquecedor recordar que lo nacional es una idea importada, como la república, el bandoneón, la chacarera, y tantas otras cosas que con el advenimiento del europeo a estas tierras se fue “llenando” lo que se consideraba “vacío”. Cuando se formaron las naciones en América, se lo hizo con las expectativas de desarrollo y un modelo de sujeto pensado en Europa, por Europa, para Europa, aún con toda la buena voluntad de emancipación que aquellos hombres tenían no pudieron atreverse a crear otros proyectos, otras organizaciones.


Aún, continuamos con proyectos desactualizados, falsos conceptos, ideas que no son de aquí , para hombres que no están allá. Ahora en primera persona, si me preguntaran y tuviera que elegir una sola de esas ideas para no incluirla en la concepción de un pensamiento de lo nacional renovado, sería esta:


“el fin justifica los medios”


Estas palabras depredadoras perduran corrompiendo e intoxicando nuestra sociedad, inspirando acciones ciudadanas, atentando contra todo desarrollo, clausurando el pensamiento integrado y multidimensional. Una sociedad y una ciudad auténticamente libre y autónoma no son autómatas, por sí solas, no pueden serlo, tampoco sus integrantes, que son cada uno un fin en sí mismo, no un obstáculo o el medio para otra cosa. Caso contrario estamos ante una irracionalidad, es decir la ausencia de lo humano.


Pensemos en la medicina o la docencia, que después de miles de años continúan y continuarán siendo una práctica artesanal, en la que cada individuo es observado, atendido, entendido y curado en sí mismo. Es la expresión de un relacionarse antropológico desde un principio, no industrializable.


Repensar la revolución no puede ser simplemente la sustitución de un poder por otro y lo nacional no puede una vez más ser la expresión de un conflicto, plano que tapa a otro plano. Sin biodiversidad no hay vida, sin vida no hay hombres, sin hombres no hay pensamiento. Se trata de pensar lo diverso como la vida teje la vida, de forma diversa, a cada uno, a cada ser. Abrir, evolucionar, desplegar, desarrollar.


Los murales son dos, nuestros ojos.



Uno por fuera, la salud, nuestra objetividad/subjetividad racional, lo inmigrado, la historia lineal, nuestro nombre y apellido, lo masculino, nuestro padre, lo divino inmortal, lo celeste.


Otro por dentro, la enfermedad, nuestra sustancialidad emocional, lo originario, la historia circular y espiral, nuestra carne, lo femenino, nuestra madre, la tierra mortal que teje una y otra vez nuestros cuerpos.


Nosotros en tercera dimensión, como la vida, transitamos y caminamos por y en el medio integrando las dos visiones, los dos ojos que son el izquierdo y el derecho según estemos entrando o saliendo, en una unidad nacional, un nuevo tejido que inventa y crea sin copiar, sin partir, sin negar lo que es y donde está.


Paulo Alfieri, un seudónimo de un yo que se sustituye por un nosotros que pinta, unas manos que trazan que son todas las manos, metáfora de compañía, de todos ustedes que no pueden firmar esos cuadros.



Julián Bernatene. Palabras para el discurso inaugural del 19 de octubre de 2009, 11 hs.



No hay comentarios: